dijous, 10 de desembre de 2009

RECUERDOS PARA UN CUARTO DE MILENIO

Corría el año 1742 cuando el 30 de Septiembre el Dr. Frey Francisco Castells, de la Orden de Nuestra Señora de Montesa y San Jorge de Alfama, Rector de la Parroquial de San Pedro Apóstol del Lugar de Beniarrés, dejó vacante el Curato. Tenía 47 años y 30 de hábito. Era Graduado en Teología por la Universidad de Gandía y estaba catalogado como religioso ejemplar y cumplidor siempre con las obligaciones de su empleo. Era trasladado de Encomienda y dejaba vacante ésta de Perpuchent.

Un mes antes, el 24 de Agosto, el Dr. Castells en el último entierro que celebró, dió cristiana sepultura a un vecino de Beniarrés, Pedro Juan Calbo, que había muerto de un rayo que le había caído encima cuando estaba en el campo en plena tormenta de verano, hecho que había conmocionado en sobremanera al pueblo.

Para elegir un sustituto de Rector en las Encomiendas de Montesa se actuaba de la siguiente manera: se presentaban tres Freiles clérigos y cuantos seculares (sacerdotes) quisieran concurrir al Curato. Examinados por un Consejo Sinodal sobre sus conocimientos de Teología, vida y virtudes, etc, todo según lo dispuesto en el Concilio de Trento, si alguno de los tres Freiles clérigos era encontrado apto, debía ser preferido a los seculares, de acuerdo con el rescripto del Papa Clemente VIII, dado en Roma el 1 de Julio de 1604 (conocido como Bula Aurea).
Pues bien, había que encontrar un Rector capaz de llevar adelante todas las responsabilidades de la Encomienda de Perpuchent. No podía ser uno cualquiera. Debía ser inteligente, de estudios superiores, de probada virtud y buenas costumbres. Debía hacer frente a la organización de la dirección y obras de la nueva Iglesia Parroquial de Lorcha que en esos momentos se estaba construyendo y a toda una serie de cuestiones difíciles de llevar si no es con un buen tacto y gusto.

Mientras se decidía su sustituto se nombra al Doctor Thomas Berxer, que era Vicario de Lorcha desde 1740, como Ecónomo regente de las dos Parroquias de la Encomienda, la de Beniarrés y la de Lorcha.

Según los censos, Beniarrés contaba por aquel entonces con unos 400 vecinos y 118 casas, mientras que Lorcha tenía unos 600 vecinos.

A la terna de elección se presentó voluntario Frey Joseph Vilaplana Vilaplana, hijo de Beniarrés, que aunque estaba exento de ser presentado a cualquier regencia de Curato por ser Profesor de Teología en el Sacro y Real Convento de Montesa, al enterarse de la vacante en Perpuchent, solicitó él mismo ser incluido en la terna.

Finalmente fue elegido Frey Joseph Vilaplana para ocupar la vacante, pues se creyó que una persona con su talento, y conocedora de la situación y las gentes de dicha Encomienda, podía
ser muy valiosa en esos momentos.

Tenía Frey Joseph en estos momentos 39 años y 21 de hábito, era Doctor en Sagrada Teología por la Universidad de Gandía, Profesor de Teología, hombre sabio e inteligente, de gran tacto, religioso, gran predicador, celoso por la enseñanza de la fe, y cómo no, conocedor de los pueblos de la Encomienda y de sus gentes. Había nacido en Beniarrés el 14 de Diciembre de 1703. Acompañado por la tragedia, su madre murió nueve días después de nacer él, de sobreparto y su padre, Joseph Vilaplana Moya, murió de muerte violenta cuando él sólo contaba ocho años de edad. Su tío Mosén Bartolomé Vilaplana, hermano de su padre, se encargó de su educación y de inculcarle su atracción por la religión. Tal vez atraído por el espíritu y buen hacer de su párroco Frey Joseph Val, y movido por su fervor religioso, a los 16 años ingresó como novicio en la Orden de Nuestra Señora de Montesa y San Jorge de Alfama. El 12 de Noviembre de 1721 profesó y se obligó a cumplir los votos de su Orden ante el Prior del Sacro Convento de Montesa, tenía 18 años. Al año siguiente el 4 de Julio de 1722 asiste al entierro de su tío Mosén Bartolomé Vilaplana en Beniarrés como Albacea y firma como Frey Joseph Vilaplana. El 4 de Agosto de 1728, en un informe interno de la Orden de Montesa sobre Freiles y clérigos existentes en ella se menciona a Frey Joseph Vilaplana, sacerdote, de 24 años de edad, 8 de hábito y de colegiatura 6, Profesor de Teología, aplicado en el estudio y dador de buen ejemplo.

Desde las altas estancias se le da a Frey Joseph Vilaplana el Titulo de Colación por el Ordinario Eclesiástico de Valencia el 9 de Febrero de 1743, y la toma de posesión de la Rectoría de la Encomienda de Perpuchent en virtud de dicha colación y por escritura autorizada ante el Notario Don Francisco Llorca designada para el viernes día 15 de Febrero de 1743.

Precisamente este día era muy especial para el Lugar de Beniarrés: se cumplían 50 años, medio siglo, de la bendición solemne del nuevo Templo Parroquial construido en la plaza, hecho que ocurrió también un 15 de Febrero del año 1693, y por este motivo, para conmemorar esta efemérides y por la recepción del nuevo Rector, la Iglesia estaba ricamente adornada.

Allí estaban esperando, junto al camino del Puerto de Salem, el Gobernador del Valle Don Pedro Vicente Pérez de Iranzua, en representación del serenísimo Infante Don Luis de Borbón y del Comendador de Perpuchent El Marqués de Pozoblanco, el Alcalde Ordinario, Pedro Llopis, Regidor Mayor y Luis Sanchis Regidor Menor, resto de Autoridades y todo el Pueblo llano congregados a tal fin. Llegó el mensajero en avanzadilla anunciando la llegada del Rector y acto seguido se inició el volteo general de campanas (que por cierto eran de nueva hechura, pues se habían refundido en 1736).

Llegó Frey Joseph Vilaplana, todo de negro, sotana negra, capa negra con la cruz roja de San Jorge bordada en el lado izquierdo de la misma y solideo negro sobre la cabeza. Bajó de su cabalgadura y a pie hizo su entrada. Saludó primero a las Autoridades allí presentes y al pueblo y encaminándose hacia la calle "del Mig" llegó a "els cuatre cantons" desde donde hacia arriba se podía ver el Calvario al final de la calle y hacia abajo camino de la Iglesia, calles que él conocía perfectamente.

Entró en la Iglesia Parroquial y después de revestirse con los ornamentos litúrgicos dijo solemnemente una Misa de Acción de Gracias ante todo el pueblo congregado.

Era media mañana y acto seguido tenía que partir para Lorcha y realizar los mismos actos de toma de posesión en su Parroquial de Santa María Magdalena, que aunque estaba en plena construcción, sustituyendo a la antigua que había sido derribada en 1734 por amenazar ruina su fábrica, el acto podía realizarlo en la Sacristía que había sido habilitada como Iglesia temporal.

Después de los primeros días de ajetreos y presentaciones ya Frey Joseph Vilaplana descansa en su Casa Abadía, frente a la Iglesia Parroquial en la Plaza de la Iglesia. Lleva a su casa la imagen de la Virgen de la Cueva Santa, de la que es ferviente devoto y que le ha acompañado siempre. Debe atender al culto y a la enseñanza de la Doctrina Cristiana de sus fieles de Beniarrés, pues va a vivir mayoritariamente en este lugar, puesto que en Lorcha tiene su Vicario atendiendo estas funciones.

Examina bien la Iglesia Parroquial, y aunque de nueva planta, comprueba que le faltan algunos detalles que con un poco de imaginación son fáciles de realizar.

Lo primero que realiza es la compra de un atril nuevo para la lectura del Evangelio. También observa con mucha atención los preparativos de las fiestas del primer Domingo de Mayo, festividad de Nuestra Señora la Virgen del Rosario, de la que es Clavario Mayor este año Salvador Bañuls de Vicente, y se percata de con cuanto cariño los hijos de este pueblo necesitan la intercesión de una Madre en el Cielo. Con esta idea ya empezó a rondarle por la cabeza una gran empresa: ¿Porqué no ofrecer su experiencia de haber encontrado a una Madre que le había cuidado y mimado desde niño, puesto que su madre de carne había muerto al nacer él? ¿Porqué no convencer a todos de que su Virgen de la Cueva Santa, devoción particular de los Vilaplana de Beniarrés, es una gran Madre que se preocupa por sus hijos?. El problema es cómo demostrarlo.

Pero todavía no era el momento adecuado. La devoción de todo el pueblo hacia la Virgen del Rosario, devoción por cierto centenaria, pues estaba fundada su Cofradía desde 1630 por los Dominicos, era muy fuerte y arraigada. Su festividad se había convertido en grandiosa, con tracas y abundancia de pólvora, juegos, gran Misa solemne cantada con un orador sagrado de la Orden de los Predicadores, comida de hermandad en las calles del pueblo (con abundancia de miel. huevos, carne, gallinas, gallos, conejos, arroz, atún, pescado, "salsapanis" y "bescuit") y por la tarde solemne procesión con asistencia de todo el pueblo.

Este año de 1743 era el último en el que se celebraba esta festividad en Mayo, ya que en 1744 pasa a celebrarse el día 7 de Octubre. Esto beneficiaría la idea que llevaba Frey Joseph Vilaplana de introducir el culto a la Virgen de la Cueva Santa, al pasar delante las fiestas de Agosto que hasta entonces quedaban en segundo plano al ser la fiesta mayor en Mayo. En las fiestas de Agosto se celebraba el día 15 la fiesta de la Asunción de la Virgen (fiesta tradicional y devocional de la Orden de Montesa); el 16 festividad de San Roque (fiesta de "els fadrins") y el 17 festividad de los Dolores y Glorias de la Virgen (fiesta de "les fadrines")

Siguió pasando el tiempo y un caso curioso que le ocurrió a Frey Joseph Vilaplana fue el de un lunes día 2 de Marzo de 1744, día frío de invierno, al abrir el portón de la Casa Abadía, Frey Joseph se encontró con la gran sorpresa de que alguien había dejado allí una niña recién nacida dentro de un cesto de mimbre. ¿Qué hacer?. Consultó con el Gobernador Don Pedro Vicente Pérez que vivía en la Calle de la Señoría (hoy Cueva Santa), cerca de la Parroquia, y después de algunas averiguaciones y de intentar vanamente de que alguien la adopte, se decide bautizarla con el nombre de Rudesinda Expósita y enviarla al Santo Hospital General de Valencia, sitio con mas posibilidades de que sea adoptada.

También un sábado, 7 de Agosto de 1745 otra noticia conmueve al pueblo de Beniarrés: Cayetano Moncho Miquel, de 77 años, que vivía en la casa que está junto a la Iglesia, aparecía muerto en la montaña. Se llevaba varios días buscándole, temiendo lo peor y por fin se le encontró. Sus restos eran irreconocibles por haber sido comido por las fieras del campo, solamente se le reconoció por unas ropas que eran suyas. Al entierro se sumó todo el pueblo por lo trágico del suceso.

Entre 1745 y 1746 Frey Joseph Vilaplana acomete las obras de reforma del Campanario de la Iglesia, para adecentarlo lo pinta de blanco, lo refuerza con ladrillos, pues era de mampostería y coloca la veleta de hierro, obra de Antonio Sellés, herrero, en lo alto, cosa que concluiría en 1748.

Para sufragar los gastos Frey Joseph idea dos arriendos más de los varios que había. Era una manera de no cargar fuertes gastos a las rentas de la Iglesia. Uno de los arriendos era una novedad: el juego de Birlas (hoy conocido como Bolos) y el otro era el arriendo de la seda que sacaba la morera de la Iglesia, llamada de las Almas. Por entonces existían los siguientes arriendos: el pan del horno de la Virgen, el pan del horno del Santo Cristo, el pan del horno de las Almas del Purgatorio, el juego de pelotas del Trinquete, y el del juego de naipes, y el arriendo de la tanda del agua de la Iglesia. El arriendo era por todo un año. Se realizaba de la siguiente manera: se daba el aviso a voz de pregonero de que iba a celebrarse tal día, tal arriendo por un año, y en pública subasta se pujaba por conseguir dicho arriendo. El arrendado debía pagar una tanto por ciento al arrendador (en esta caso la Iglesia) e intentar obtener beneficios del arriendo.
Frey Joseph Vilaplana, durante este tiempo, iba inculcando su devoción hacia la Virgen de la Cueva Santa poco a poco. Primero a los mas allegados, luego a los feligreses. Le estaba costando muchísimo, pero él lo estaba intentando. También se llevó muchos sinsabores de gente que no estaba dispuesta a cambiar su devoción. En sí, Frey Joseph, no quería que la gente cambiara su devoción a la Virgen del Rosario, que estaba muy bien, sino lo que perseguía es que la Virgen de la Cueva Santa, su Virgen, fuera Reina y Patrona de Beniarrés, era su ilusión y lo que quería para su pueblo. A él le había servido como Madre, también a Beniarrés le serviría como Madre.

Ya pasaban los primeros días de 1748, ya el pueblo le había dado el "visto bueno" para que la imagen de la Virgen de la Cueva Santa, que el guardaba desde su infancia y que era de su familia, pasase solemnemente a tener un lugar destacado en la Parroquial de Beniarrés. Había que hacerlo cuidadosamente para no ofender la devoción de muchos parroquianos. No se podía quitar de su Altar a la Virgen del Rosario y colocar a la Virgen de la Cueva Santa. Por otra parte, no quedaba más sitio en la Iglesia para construir un nuevo altar. ¿Qué hacer?. La respuesta estaba en la Capilla de la Comunión, situada a la izquierda de la cúpula, frente al Altar del Santo Cristo. Este podía ser su sitio idóneo, puesto que en todas las Iglesias, la Capilla de la Comunión quedaba en un sitio más reservado y no tan a la vista como ésta.

De momento dejaría a la Virgen de la Cueva Santa en el Altar de la Virgen del Rosario al lado derecho en un relicario de madera corlada, puesto que al lado izquierdo había otro relicario también de madera corlada con la imagen de la Virgen del Milagro, hasta que tomase una determinación sobre lo que había pensado. Había que construir una nueva Capilla de la Comunión y un nuevo Altar para la Virgen de la Cueva Santa, empresa costosa y laboriosa, puesto que en estos momentos de principios de 1748 ya está casi terminada la construcción de la nueva Iglesia Parroquial de Lorcha que pensaba inaugurar ya este mismo año, y el momento era delicado para embarcarse en grandes gastos.

Este año de 1748 se preveía como bueno y abundante en las cosechas, si no pasaba nada, meteorológicamente hablando. La producción de seda se veía bastante buena, las moreras habían aguantado bien el invierno, también el trigo, el maíz, la cebada, hortalizas, la vid, etc.

De repente, el sábado 23 de Marzo de este año, a las seis y media de la mañana, en todo Beniarrés retembló el suelo. ¿Qué había pasado?. La gente salía de sus casas asustados. El temblor de la tierra había despertado sobresaltados a todos los que estaban durmiendo. Miraban de un lado para otro para ver si faltaba alguien en el pueblo o había sucedido alguna desgracia. Pero no, todos estaban bien, sólo habían caído algunos cascotes y cornisas de las casas, la Iglesia y las casas del pueblo no habían sufrido daños mencionables, todo estaba en orden. Aparentemente no había sido más que un susto, un temblor más de los tantos que solían ocurrir por estas tierras. Todos daban gracias a Dios.
No todo eran glorias. A mediodía llegaba un mensajero buscando a Frey Joseph Vilaplana. Traía malas noticias: el Castillo y Sacro Real Convento y la Villa de Montesa, a causa del terremoto, se habían reducido en gran parte a un montón de escombros. También Enguera, Anna, Vallada, Sumacarcer, Alcudia de Crespins, Chella, Onteniente, Játiva, Ollería, Rafol de Salem y otros pueblos del Reino. El Terremoto había sido terrible. Había muchos muertos.

El propio Frey Joseph Vilaplana nos lo cuenta de su puño y letra: "el año de 1748 fue fatal para gran parte de este Reino, y especialmente para nuestra Religión de Montesa, pues en el día 23 de Marzo del mismo año a cosa de las seis y media de la mañana, padeció su Sacro y Real Convento su total ruina, ocasionada de un formidable terremoto, que sobreviniendo de improviso, en menos de un Credo, acabó con toda aquella sólida fábrica de su Castillo Convento, quedando sepultados en sus ruinas el Santísimo Sacramento, todas sus Reliquias, imágenes, plata y todo su Tesoro, con el Prior y quince Conventuales, Sacerdotes, Novicios y Legos, y cinco Seculares, que unos estaban Celebrando el Santo Sacrificio de la Misa, otros sirviendo a los Sacerdotes en este Ministerio, y otros oyendo las Misas"

Frey Joseph Vilaplana partió inmediatamente hacia Montesa para ayudar en lo posible. Había residido en el Castillo Convento durante 20 años y lo conocía bien. Estuvo más de un mes allí. Incluso vivió la segunda sacudida, réplica del anterior, el miércoles 2 de Abril, a las nueve de la noche, también fue muy fuerte, pero no tan destructora como la del 23 de Marzo.

Regresa a la Encomienda de Perpuchent, a Beniarrés, desolado. Conocía a muchos de los muertos, entre ellos a su Prior. Pero la vida continuaba. Había sido un acontecimiento fuerte que había ocurrido en su vida, y una vez más imploraba el consuelo de su Madre la Virgen de la Cueva Santa para que le ayudase a superarlo.

Pero ¡cómo no lo había pensado antes!. Este era el momento adecuado para cumplir sus propósitos y hacer ver a sus feligreses la protección que ofrecía su Madre de la Cueva Santa. En Beniarrés no había ocurrido nada. Todo seguía en pie, no había desgracias personales, cuando en todos los sitios circunvecinos todo era desolación y muerte. Este era el milagro esperado y la ocasión propicia.

Después de varios sermones enardecidos resaltando el hecho de la protección de la Virgen. Ya la voluntad de los pocos indecisos que quedaban en el pueblo se decanta hacia la propuesta de Frey Joseph Vilaplana y se declara a la Virgen de la Cueva Santa Protectora del Lugar de Beniarrés por unanimidad de todos los vecinos. ¡Por fin lo había conseguido! Le había costado muchas oraciones, lágrimas y disgustos, pero era ya realidad su sueño. A partir de esta fecha se incluye en las fiestas de Agosto el día de la Virgen de la Cueva Santa (en 1807 ya se celebraba el día 18 de Agosto).

Era el 13 de Junio, jueves, cuando Frey Joseph Vilaplana, tuvo que celebrar el entierro solemne de Doña Juana Gomes de la Fuente, esposa del Gobernador de la Encomienda. Había muerto de sobreparto y se enterraba en el crucero de la Iglesia frente al altar de San Joaquín a la parte del Evangelio en un hoyo que se había hecho. La Difunta era natural de la Parroquial de San Pedro de la Ciudad de Murcia. La condolencia y la consternación por el fatal desenlace era general, puesto que Doña Juana era muy apreciada en Beniarrés.

El 17 de Julio de 1748, recibe Frey Joseph Vilaplana, autorización oficial del Arzobispo de Valencia Don Andrés Mayoral para bendecir la nueva Iglesia Parroquial de Lorcha. El 24 de Agosto, fiesta de San Bartolomé Apóstol (quizás en recuerdo de su tío Mosén Bartolomé), fue la fecha fijada para dicho acto. Se había acordado por el Alcalde Ordinario de Lorcha de ese año Miguel Cloquel de Miguel y los Regidores Francisco Bonet y Bernardo Seguí y el propio Rector el trasladar este año las fiestas de Santa María Magdalena hasta esta fecha para resaltar más la dedicación de la Iglesia nueva. Se dispuso gran cantidad de pólvora, se ingenió e inventó una danza especial de hombres para esta ocasión para ser bailada delante del Santísimo Sacramento, se buscó un excelente predicador: Fray Joseph Berenguer, Franciscano Descalzo de Játiva y se dispuso que de Albaida viniese una banda de música y coro para solemnizar la función. Y así ocurrió. El sábado día 24 de Agosto de 1748 por la tarde bendijo Frey Joseph Vilaplana la nueva Iglesia, con la asistencia de muchos religiosos y de todo el pueblo. Después de cantar el Te Deum Laudamus le prosiguió la música e instrumentos con coro, se hicieron tres salvas con los morteros y hubo repique de campanas.

Al día siguiente, domingo 25 de Agosto, se llenó toda Lorcha de forasteros de todos los lugares vecinos. Acudieron muchos disparadores con arcabuces de Beniarrés y Gayanes con sus tambores que ensalzaron más los actos de las fiestas. Y así continuaron las mismas durante cinco días más.

Ya en 1749, el 8 de Mayo se celebra en Beniarrés un fastuoso acontecimiento: el Gobernador Don Pedro Vicente Pérez de Iranzua, viudo, casa en segundas nupcias con Doña Rosa Guía Hervás, natural de Alcira, de la Parroquial de Santa María y Santa Catalina. Al acontecimiento concurren altos cargos, invitados ilustres. El padre del novio Don Juan Pérez Iranzua era de Utiel y la madre, Doña Catalina Gallego Ponce era de la Villa de Marea (Cantabria). Es toda una fiesta para Beniarrés.

También este año se dió el caso curioso de que María Nadala Miralles, hija de Pedro Juan y de Josepha, tenía que ser bautizada el 23 de Diciembre, y el Padrino que venía de fuera, tuvo un accidente. Hubo que delegar en otro para que hiciese de padrino en el acto del Bautismo.

Ya en 1752, el 7 de Mayo le ocurrió un caso curioso a Frey Joseph: fue en el bautizo de la hija de una pareja de forasteros. Se trataba de una niña que había nacido en una Cortijada llamada Almugia en Málaga. Era hija de Alonso Buendia, natural de Elche, Reino de Valencia, y de Agueda García, natural del Lugar de Dalzes en Burgos. Ambos eran pobres, y allí en su tierra donde estaban trabajando, según dijeron el Párroco que tenían, no la quería bautizar si no pagaban 18 reales por el servicio. Como ellos no podían pagar por ser pobres, salieron del Obispado de Málaga y vinieron a bautizarla al Reino de Valencia. Pero por el camino, una mujer, que no sabían quien era, la bautizó con agua ordinaria, y dudando de este bautismo, y como estaban de paso por Beniarrés, solicitaron de Frey Joseph que la bautizara. El Rector, un poco perplejo por la historia, decidió acceder a sus pretensiones y le pusieron por nombre María Rosa.
En 1752 habían sido años bastante buenos en la producción de seda fina y los ingresos de la mayoría de las familias de Beniarrés habían aumentado. Incluso el propio Frey Joseph Vilaplana declaraba, el 22 de Julio de 1752, haber recogido de su propia cosecha 6 Libras y 7 Onzas de seda fina, cantidad considerable.

También este año de 1752, siguiendo con su afán de mejorar la Iglesia, Frey Joseph mandó construir unas andas para las procesiones, una barandilla para el Presbiterio de la Iglesia, colocó una cruz de hierro en la cima de la cúpula ("media naranja") del templo, y ya se estaba construyendo el nuevo altar de la Virgen de la Cueva Santa.

Entre 1753 y 1754 hubo epidemias de paludismo en todo el Levante español. Beniarrés gracias a la protección de su Madre la Virgen, quedó libre de éstas.

Un acontecimiento, por lo trágico del mismo, estremeció a los vecinos de Beniarrés en 1755: Vicenta María Texedor, hija de Francisco y de Vicenta Miquel, de 11 años, el 15 de Septiembre moría ahogada al caer dentro de un pozo de agua.

Llega 1757, año en el que se le anuncia a Frey Joseph Vilaplana Visita Pastoral a su Rectoría para el día 4 de Julio. Este preparó bien todas las cuestiones a tratar en dicha Visita, e incluso realizó un inventario minucioso describiendo la Iglesia Parroquial y todo lo que contenía dentro. De este inventario se sabe que, este año de 1757, estaba construido ya el nuevo altar de la Virgen de la Cueva Santa. Nos lo describe de la siguiente manera:

"El retablo es de masonería, en su nicho, hay una imagen de Nuestra Señora de la Cueva Santa, con guarnición de madera corlada. Un ángel de masonería sostiene dicha imagen. Hay en el relicario dos llaveros de plata, dos serenas de plata y un anillo de oro con diez piedras de diferentes hechuras. En el altar, nueve relicarios de plata, siete porcelanas con guarnición de plata, una mesa y tres manteles guarnecidos con encajes, una Cruz de la Casa Santa embutida de madreperlas, una lámpara grande de latón, dos candeleros y diferentes ramos de flores de manos. A los laterales del altar dos lienzos grandes pintados, uno de San Joaquín y otro de San José.

Como anécdota, en 1758, consta en los libros parroquiales que el 22 de Febrero moría María Giner Miralles, niña recién nacida, y que fue enterrada en la sepultura de Nuestra Señora la Virgen de la Cueva Santa.

Otro caso curioso fue cuando el 26 de Noviembre de 1759 murió Vicente Ribes, de Lorcha. Murió congelado en un corral de Canasia, y como el río de Alcoy venía tan crecido por las abundantes lluvias que habían caído aquellos días, no se podía pasar a Lorcha para enterrarlo allí. Después de varias consultas, por orden del Gobernador, se mandó que se enterrara en Beniarrés, y así se hizo.

En 1762, Frey Joseph Vilaplana encarga que se haga un nuevo retablo del Altar Mayor de San Pedro de la Parroquial de Beniarrés al escultor de Gandía Don Pedro Juan Colomina. Obra de gran envergadura y económicamente costosa, pero que el Rector se ve con fuerzas para acometer. El retablo se construyó todo en el suelo de la Iglesia y luego mediante andamios, poleas y cuerdas se levantó hasta emplazarlo en su sitio.

El 25 de Febrero de 1763, reunido todo el Ayuntamiento, en la casa del Gobernador del Valle, porque no existía Casa Ayuntamiento en Beniarrés, y al frente su Alcalde ordinario de ese año, se redactó un documento por el cual se protesta de la injerencia en que incurría el Gobernador en las decisiones del Ayuntamiento, extralimitándose en sus funciones, y que al tener que reunirse en su propia casa, delante de él, éste influía en las deliberaciones.

Al día siguiente, 26 de Febrero, otro acontecimiento destaca en la vida de Beniarrés: a las 7 de la mañana es encontrado muerto en el río de Alcoy, ahogado, el Dr. Fernando Cerver Nadal, de Salem, religioso lego, que por hallarse hacía años loco y ausente se trajo a Salem de donde era natural.

También el 23 de Mayo de este año, murió en Beniarrés Don Francisco Alberto Salanova Vilanova, de muerte natural, estaba de paso por este Lugar y era Teniente de Caballería del Cuartel del Cuerpo de Inválidos de San Felipe (Játiva). Era natural de la Villa de Alcoriza en Aragón.

Este año de 1763 fue famoso por la sequía y el hambre que hubo en todo el país.

El 13 de Junio de 1764, Frey Joseph Vilaplana bendijo e inauguró el Oratorio Público de San Miguel de Benillup, situado en la Casa Heredad de Miguel Andrés en las huertas de Benillup. La Iglesia era pequeña y tenía todo lo necesario para las celebraciones y un Altar Mayor dedicado a San Miguel.

En esta época de 1765 y 1766 hubo otra epidemia de paludismo en toda la región. Sus síntomas eran: fiebre intermitente, anemia y alteración del estado general a veces muy grave y otras mortal. Todos los vecinos de Beniarrés pagaban anualmente una "iguala" que cobraba el Médico y otra que cobraba el Cirujano. Estos debían ofrecer sus servicios gratis durante todo el año que les correspondía ejercer su oficio, pues eran renovados cada año. Tenían por obligación "curar por iguala todas cuantas curaciones aya que curar entre los igualados, excepto las curas que sucedan de alguna riña, y no otras sean por lo que sean".

En 1767, Frey Joseph Vilaplana requiere los servicios de Luis Bonell, Dorador de San Felipe (Játiva) para que dorara el nicho y la imagen de San Pedro en el Altar Mayor. El dicho Luis Bonell se quedó a vivir en Beniarrés y formó su familia aquí. Realizó importantes trabajos en altares, imágenes y pinturas de la Iglesia Parroquial.

Corren ya los últimos días de 1769. Frey Joseph tiene casi 66 años y tal vez una enfermedad que tarde o temprano iba a acabar con su vida. Consciente de ello, redacta el 12 de Noviembre una especie de Testamento ratificándose en su fe y dando detalles sobre su enterramiento y disposición de sus bienes.

Ya gravemente enfermo, Frey Joseph sigue cumpliendo con sus obligaciones hasta los últimos días de 1769. Todavía celebra la ceremonia de un bautismo el 26 de Diciembre.

El 13 de Enero de 1770, había recibido la Sagrada Comunión y entonó un Te Deum con tan gran fervor de espíritu, que lloraron todos los presentes, y acto seguido entregó su alma al Creador cuando contaba 66 años de edad y 50 años de la toma de hábito en Montesa. Rigió ésta Parroquial durante casi 27 años. Había muerto un gran hombre que marcó la historia de Beniarrés para siempre.

Al día siguiente, domingo 14 de Enero, después de la Ceremonia de Cuerpo Presente, fue enterrado su cadáver en un hoyo que se hizo delante del Altar de la Virgen de la Cueva Santa al rincón del lado del Evangelio con gran serenidad y solemnidad. Acudieron al sepelio el Vicario de Lorcha, que presidía la Ceremonia, el Cura de Gayanes, el Vicario de Alcocer y cuatro religiosos Franciscanos del Convento de San Sebastián de Cocentaina.

Tal vez no fuera su vida y lo que le ocurrió lo más importante, sino el legado y la herencia que nos dejó: la devoción hacia una Madre Protectora, que a través de los siglos así lo ha demostrado. Virgen y Madre para todos los habitantes de Beniarrés: María de la Cueva Santa.

En sus Gozos y en su Himno pedimos su protección: SED NUESTRA MADRE PIADOSA, VIRGEN DE LA CUEVA SANTA, QUE EL VIVIR AL CALOR DE SU MADRE ES LA VIDA DE BENIARRÉS. Que así perdure por todos los tiempos venideros.

Marzo de 1998, 250 Aniversario del terremoto de Montesa y de la aclamación de la Virgen de la Cueva Santa como Protectora de Beniarrés.

Autor: Vicent Moncho i Grau

"RECUERDOS PARA UN CUARTO DE MILENIO" Publicado en la Revista "250 Anys Patrona de Beniarrés, 1748-1998". Beniarrés, año 1998. s/p. Biografía de Frey Joseph Vilaplana y motivos de la proclamación de la Virgen de la Cueva Santa como Patrona de Beniarrés. Incidencias y curiosidades de la época. Redactado en 1997.